sábado, 30 de diciembre de 2017

Santa María de la Cabeza y Cobeña, una tradición recuperada

Artículo publicado originalmente en La Gatera de la Villa. Segunda época / número 29 / Invierno de 2017. Enlace de la revista íntegra: http://www.gateravilla.es/la-gatera-de-la-villa-no-29/

La villa madrileña rememoró el pasado 25 de noviembre una antigua leyenda que la sitúa como posible cuna de la bienaventurada del Jarama, en un acto organizado por la Institución de Estudios Históricos de Cobeña, con la colaboración del Ayuntamiento, La Gatera de la Villa y la Asociación Derecho de la Cultura.

Más de un centenar de personas asistieron el pasado 25 de noviembre al evento Cobeña medieval: Santa María de la Cabeza, San Isidro y los Vargas. Esta gran acogida para un acto de Historia local y religiosa programado un sábado por la mañana pone de relieve el interés que despierta el matrimonio más querido de Madrid. El encuentro tenía por objetivo fundamental recuperar las tradiciones centenarias que vinculan a Cobeña con San Isidro Labrador y su mujer, especialmente el posible nacimiento en el lugar de Santa María, las cuales llevaban bastante tiempo olvidadas por el común de los vecinos; así como tratar sobre la presencia de los Vargas, señores de Cobeña hasta 1368[1].

Fotografía de los asistentes al evento.
El acto comenzó con la bienvenida del alcalde Jesús Amatos Rodríguez, quien destacó la importancia de reforzar la cohesión vecinal a través de la memoria: “un pueblo sin historia es un pueblo sin identidad”, resumió Amatos. El consistorio cedió la Casa de la Cultura para la celebración del evento y publicitó la cartelería del mismo. Tras el primer edil, tomó la palabra José Julio Ortiz Chisvert, presidente de la Institución de Estudios Históricos de Cobeña (IEHC), entidad organizadora, quien presentó las actividades de la Institución y adelantó algunas claves de la jornada. En representación de la IEHC acudieron también el vicepresidente Ramón Sanz Septién y la vocal Teresa Chisvert Crespo. Aunque no pudo asistir por encontrarse en el extranjero, el secretario Daniel García Magariños colaboró decisivamente en la organización. Por otro lado, nos acompañaron el párroco local Juan Antonio Martín López, director de Comunicación del Obispado de Alcalá de Henares, y el presidente de la Hermandad de Labradores cobeñera Victoriano Chisvert Crespo.

En tercer lugar, la jurista y gestora cultural Elvira Grahn Yanini presentó la Asociación Derecho de la Cultura, ente colaborador del acto. Grahn destacó sus fines asociativos: fomento del Derecho de la Cultura en sus ámbitos académico y profesional, impulso de eventos culturales enfocados a juristas, capacitación jurídica de los agentes partícipes del arte y de la cultura, así como la asistencia en la internacionalización de las manifestaciones culturales españolas y en la recepción de equivalentes foráneos.

A continuación, el abaja firmante tuvo la oportunidad de ofrecer la charla El Señorío de Cobeña y los Vargas: origen de las tradiciones locales con Santa María de la Cabeza y San Isidro, en la que recordamos que durante siglos el municipio mantuvo orgulloso ser cuna de Santa María de la Cabeza en directa competencia con otras villas. Así, Gerónimo de Quintana en 1629 situaba a la bienaventurada como posible natural del lugar, ofreciendo una singular explicación patronímica: Y assi tengo por mas probable que nuestra Santa Fuesse natural, o de la Villa de Cobeña por hallarse en ella el apellido de los Cabeças, que ella tuvo como queda dicho, o de la de Uceda, en cuyo termino està una tierra, que la Santa devio traer en dote (…)[2]. Estas referencias se repetirán a lo largo del siglo XVII: su patria, unos dicen que era la villa de Cobeña, la de Uceda otros, y algunos la alquería de Caraquiz, hija de honrados Labradores, padre Antonio de Quintadueñas, 1651; una doncella, hija de honrados labradores, llamada María de la Cabeza, de conocida virtud, natural de Cobeña o Uceda, que están bien juntos, el Conde Mora, 1663[3].

Al hilo de lo anterior, los Cabeza de Cobeña testificaron en el proceso de beatificación y a través de su parentesco la destacada estirpe local Colodro reivindicaba familiaridad con Santa María: Vèse esto con evidencia en la declaracion de Pasquala Cabeza, que en 3. De Septiembre de 1613. ,, Preguntada, si la Bendita Maria de la Cabeza, mujer de San Isidro, era natural de esta Villa, y si era Parienta de los que se llaman, y tienen el Apellido de los Cabezas: Dixo, que después que se leyeron los Edictos, lo ha oído decir comúnmente en este Lugar. Y preguntada, si hay en esta Villa algunos del Linage, y Apellido de la Cabeza : Respondiò, que ella se llamaba Pasquala Cabeza, porque era hija de Pedro Cabeza el viejo, (…) De Cobeña han salido sujetos muy ventajosos, entre los que no merece menor nombre Álvaro Colodro[4], uno de los conquistadores de Córdoba, de las familias más distinguidas de este pueblo, que años después emparentaron con los Cabezas, por donde singularmente introducen la demanda para la filiación de nuestra santa labradora[5].

La tradición local incluso situa la vivienda familiar de Santa María en un solar concreto: Al oriente de Coveña hay unas heredades qué llevan el nombre general de barrio de Guadalajara, y en ellas un sitio que lleva el particular de los Vallejuelos. Es tradición constante que en los Vallejuelos existió la casa solariega de los Cabezas, y allí nació la bienaventurada María, que más tarde había de atravesar el cercano Jarama, sirviéndole su mantilla de barca[6].

Estas leyendas sobre el natalicio de la bienaventurada son además coincidentes con las tradiciones que sitúan al santo matrimonio rezando en lugares muy cercanos a Cobeña: Belvis de Jarama y Paracuellos de Jarama[7].

Continuamos la conferencia recordando los antiguos vínculos de Cobeña con los Vargas, la familia madrileña más antigua y a cuyo legendario patriarca Iván de Vargas sitúa la tradición como patrón de San Isidro en Madrid y Talamanca de Jarama[8]. Así, Cobeña perteneció a los Vargas desde un momento indeterminado[9] hasta 1368, cuando ostentaba el Señorío Hernán Sánchez de Vargas, líder en Madrid del partido de Pedro I el Cruel en la Guerra Civil que le enfrentó a su hermano Enrique. Este último tomó Madrid en dicho año y, aunque perdonó la vida de Hernán Sánchez en lo que se creyó una intercesión milagrosa de Nuestra Señora de Atocha, le retiró el Señorío de Cobeña, el cual fue donado a Pedro González de Mendoza, relevante apoyo del nuevo monarca, mediante carta de 15 de junio de 1369[10].

No obstante lo anterior, los Vargas continuaron jugando un papel relevante en las localidades vecinas –aunque no en Cobeña- hasta bien entrado el siglo XIX. Así, una rama avecindada en la próxima Ajalvir desde el siglo XIV[11], que creemos segundona del Señorío cobeñero, se mantuvo en la zona durante cinco siglos, acreditando nobleza desde al menos principios del s. XVI y ejerciendo importantes cargos locales. De este modo, encontramos al linaje en varios municipios del contorno cobeñero[12]: Ajalvir –pleitos por hidalguía u oficios nobles en la Real Chancillería de Valladolid (1506, 1583, 1597 y 1622), alcaldías en 1701 y 1725; el desaparecido Daganzo de Abajo o Daganzuelo; y Daganzo de Arriba –doce nombramientos de alcaldes apellidados Vargas entre 1762 y 1828[13]-. También encontramos ramas ennoblecidas de estos Vargas en Alcalá de Henares –Vargas Ocano (al menos siglos XVI a XVIII)- y en la zona de Lozoya/Buitrago (al menos siglos XVIII a XIX) con tronco común en los Vargas de Ajalvir de principios del s. XVI.

Analizando la anterior trayectoria, nos asaltaba una duda: ¿por qué los Vargas se mantienen durante cinco siglos en los alrededores de su antiguo Señorío, pero sin llegar a habitar de nuevo Cobeña? Creemos haber encontrado una posible respuesta investigando a un importante personaje: Tiburcio de Vargas y Martínez Ahedo Benito y Serrano, bautizado y fallecido en Ajalvir (1733-1794), jurista que comenzó su trayectoria en Alcalá de Henares, donde se licenció en Cánones y fue por dos veces rector del Colegio de Málaga[14]. Luego sirvió en la Administración: Alcaldías Mayores de Jerez de los Caballeros y Mérida, Auditoría en la Guerra de Orán, y del bloqueo y sitio de Gibraltar, para ascender en 1784 a ministro togado del Consejo Supremo de Guerra[15]. En su expediente de ingreso como caballero de la Orden de Carlos III[16], al tratar de su bisabuelo Juan de Ahedo García encontramos esta interesante mención: La de Coveña trata asimismo de la Nobleza del Padre de la Abuela Paterna del Pretendiente, y que en aquella Villa jamas se ha admitido a Hixodalgo alguno con goze de tal, sin embargo de varios Pleytos, que a este fin se la han movido, y ha ganado siempre; y que por esta razon no gozarían tampoco, mientras estuvieran avecindados en ella el enunciado Padre de la Abuela Paterna del Pretendiente, y su tercer Abuelo Don Blas de Ahedo, pero que estuvieron admitidos por vecinos Hixosdalgo en la de Pesadilla[17], y en ella fue Alcalde el primero por el propio Estado.

Por tanto, parece que la residencia en Cobeña vetaba el acceso a la hidalguía a aquellos que en otros lugares no tenían especial problema en acceder a tal estado; buen motivo para mantener fuera de sus lindes a familias como los Vargas, que revalidaban su nobleza de sangre generación tras generación como ya hemos dejado dicho[18].

Sea como fuere, tras este recorrido genealógico deducimos que estos Vargas fueron partícipes en la divulgación de las tradiciones que durante siglos vincularon a Cobeña y sus alrededores (Belvis, Paracuellos) con San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, especialmente la que sitúa a la bienaventurada como natural de Cobeña[19]. Acaso incluso fuesen su origen, quizás partiendo de alguna remota devoción local que acabasen entremezclando de manera más o menos interesada con el Santo Matrimonio. En este punto recordamos que sus parientes lejanos de la Villa de Madrid explotaron intensamente durante siglos su legendaria vinculación con Iván de Vargas y San Isidro, la cual les granjeaba una cierta cercanía con la Casa Real, acostumbrada a utilizar el cuerpo momificado del Labrador como remedio milagroso. En este sentido, la territorialización de la bendita familia alrededor de Cobeña seguiría el mismo patrón que podemos rastrear fácilmente en Madrid capital a través de las antiguas propiedades de la estirpe Vargas[20].

En refuerzo de esta teoría, además de la propia correspondencia con los usos y costumbres de los Vargas capitalinos, destacamos que la rama de Ajalvir hacía ostentación onomástica de su mítica ascendencia. Así vemos a tres cabezas consecutivas de la familia llamados Juan –nombre intercambiable por el de Iván- o directamente Juan Isidro en el siglo XVII: Juan -casado en Ajalvir en 1661-, Juan Isidro -bautizado allí en 1666- y Juan Narciso -bautizado en el mismo lugar en 1697-, este último padre del ministro togado Tiburcio de Vargas[21]. Esta vinculación nominativa con Iván de Vargas y su criado San Isidro se repite desde el siglo XVII en varias ramas de los Vargas madrileños, deseosas de prestigiarse tras la canonización del Santo en 1622. Así, encontramos numerosos Isidros o Juanes entre los condes de Paredes, antiguos propietarios del actual Museo de San Isidro, en los siglos XVIII y XIX: Isidro Manuel, María Isidra, Diego Isidro. Mención especial merece la rama de los Vargas de San Justo, antiguos titulares de la actual Biblioteca Municipal Iván de Vargas, quienes revalidan sus vínculos patronímicos desde el s. XV hasta la actualidad: Iván y Juan de Vargas –segunda mitad del s. XV-, Juan Gudiel de Vargas y su nieto Juan Nicolás César Gudiel de Vargas –s. XVII-, Juan César Gudiel de Vargas –principios s. XVIII-, y la reiteración de once Isidros desde la segunda mitad del s. XVIII hasta la actualidad en sietes generaciones consecutivas[22]. De esta manera, los Vargas de Ajalvir replican nuevamente los vínculos isidriles de sus parientes en Madrid.

Además de lo anterior, la tradición sitúa a Buitrago del Lozoya como otro posible lugar de nacimiento de Santa María de la Cabeza. Pues bien, como indicamos antes, una rama de los Vargas de Ajalvir se avecindaron en la zona de Buitrago y Lozoya, donde ocuparon durante generaciones cargos de relevancia –dos veces la Procuraduría General de la Tierra de Buitrago, entre otros-. Consideramos plausible que la tradición en Buitrago se generase en el imaginario local –de manera más o menos espontánea- con la sacralización de alguna propiedad de dicha estirpe.

Este proceso, evidente en Madrid y deducible en la zona de Cobeña y Lozoya, lo encontramos de forma muy clara y concreta en otro área del Jarama: Talamanca y sus alrededores. Allí, una línea principal de los Vargas de Madrid –la que desemboca en el Marquesado de la Nava de Barcinas- fue dueña durante generaciones de la alquería Eraza[23] (pronunciado Erraza), situada en la actual granja-escuela Centro Educativo Internacional El Jarama, donde numerosos autores desde el s. XVII[24] sitúan como vecinos y trabajadores al Santo Matrimonio, empleados por Iván de Vargas en Eraza. Esta finca además linda con la famosa ermita que la tradición cuenta cuidó Santa María, el tramo del Jarama donde se produjo el paso milagroso sobre la mantilla y la antigua alquería Caraquiz -dependiente de Uceda- el lugar más nombrado como probable cuna de la bienaventurada María. A su vez, tenemos documentadas otras posesiones del linaje en la zona coincidentes con antiguas tradiciones isidriles, propiedades que podemos situar a través de la correspondencia de Diego de Vargas Zapata y Luján[25], gobernador español de Santa Fe (Nuevo México) entre 1690 y 1704: Torrelaguna, posible cuna de Santa María y donde don Diego contaba con muy antigua ascendencia paterna y materna-; Torremocha de Jarama, lindante con Uceda –también candidata al nacimiento de la bienaventurada-; El Molar y Valdepiélagos, desde donde partían procesiones anuales a la ermita próxima a Eraza[26]; entre otros.

Antes de terminar nuestra disertación, tuvimos el honor de presentar el hasta ahora desconocido escudo histórico de Cobeña, rescatado a través de las investigaciones isidriles[27]. El emblema –muy diferente al actual que recoge las armas de Mendoza y de Borbón- representa al cobeñero Álvaro de Colodro, reconquistador de Córdoba, alzando un pendón sobre la llamada Puerta de Colodro, próxima a la muralla cordobesa en la que descansa la escalera que utilizó el bravo almogávar el 24 de enero de 1236 para encaramarse al muro, arrojar a los centinelas al campo y abrir así la capital del antiguo Califato a la Cristiandad[28].  En recuerdo a su gesta se edificó poco después la Puerta de (o del) Colodro: Mas en nombrarse puerta de Colodro claramente se muestra no averse podido escrivir este nonbre antes de ganarse la ciudad de los Moros, que fue por los años del Señor mil i dozientos i treinta i seis, como escrivimos en la dedicacion de la iglesia. Porque entonces tomó este apellido la puerta, del primero, que por aquella parte entró la ciudad a fuerça de sus armas: i se llamava Alvaro de Colodro[29]. Reformada en numerosas ocasiones, fue demolida a finales del siglo XIX y sus escasos restos rehabilitados en 2010[30].

Una vez finalizada nuestra exposición, tomó la palabra el catedrático de Historia Alfonso Bullón de Mendoza, marqués de Selva Alegre y conde de Montalbán, en representación de la familia Mendoza, señores de Cobeña desde 1369 como vimos más arriba. En una emotiva e interesante charla, la mente joven de Bullón disertó sobre la importancia de conocer y transmitir la Historia, encandilando al público con divertidas anécdotas vividas a lo largo de sus 94 años, en una intervención muy grata y amena. El historiador trató sobre la Casa de los Mendoza y su fiel apoyo a la Monarquía española, poniendo como ejemplo a Pedro de Mendoza, primer señor de Cobeña de tal apellido, quien entregó su vida al ceder su caballo a Juan I en la batalla de Aljubarrota (1375). Junto al catedrático, representó a esta ilustre familia Alfonso de Mendoza Álvarez, hijo del conde de la Corte. Los Mendoza estuvieron acompañados de Carmen Huertas Arguiñano, duquesa viuda de Canalejas.

Una vez concluida la intervención de Mendoza, comenzó la segunda parte del evento bajo el título El Códice de Juan Diácono y los himnos de San Isidro, la cual versó sobre unos cánticos isidriles recogidos en el texto más antiguo conocido sobre el santo madrileño (s. XIII). Abrió esta temática el ingeniero Emilio Guerra Chavarino, prolífico investigador del Santo Matrimonio y a quien se debe el descubrimiento de una transcripción del siglo XVI que permitirá interpretar los himnos en un futuro próximo. Guerra presentó el volumen sexto de su colección sobre el patrón de Madrid: El Códice de San Isidro, los himnos y Santa María de la Cabeza[31].

A continuación, el musicólogo José Benjamín González Gomis, experto en himnos medievales, explicó que los isidriles se enmarcan en una tradición milenaria de hímnica cristiana, en la que participaron autores de la talla de San Isidoro de Sevilla o San Benito, quienes en sus respectivas reglas prescriben el uso de himnos destinados a diferentes momentos y oficios divinos. Según González, España contó con su himnario propio hasta la supresión de la liturgia hispana y la imposición del rito gregoriano. El musicólogo se retrotrajo en su disertación hasta los orígenes grecolatinos de nuestra cultura, aludiendo a los himnos délficos e incluso hasta el primer ejemplo de música notada, todos ellos vinculados a cultos divinos.

Respecto a los himnos del patrón de Madrid, el investigador destacó la existencia de seis himnos desde época medieval y su inclusión en las primeras fuentes escritas de la vida del Santo como prueba de la importancia y devoción que despertaba San Isidro. González trató sobre la muy cuidada caligrafía propia de la época y la notación in campo aperto caracterizada por no tener líneas formando un pentagrama, lo que provoca que las alturas sean relativas. A pesar de ello, en el caso de los himnos del Labrador la esmerada escritura permite leer las alturas de forma relativa con bastante exactitud, según explicó. El musicólogo agrupó los himnos en dos grupos de tres: los tres primeros gozarían de una concepción más narrativa, y en ellos se cuentan intervenciones del santo y hechos históricos de su vida o culto; los tres últimos, presentarían un carácter más típico de himno votivo, con un componente rogativo, y fórmulas de respuesta.

Por último, González Gomis destacó la transcripción hallada por Emilio Guerra, así como textos de los himnos localizados en fuentes de los siglos XVII y XVIII, que demuestran su vigencia y conocimiento desde el Medievo hasta dichas fechas, así como permiten investigar su desarrollo.

El acto finalizó con la interpretación de tres piezas musicales, dos de ellas pastoriles de temática isidril, por parte de la Coral Municipal de Cobeña dirigida por  Javier Franco. Tras el broche musical, los asistentes fueron invitados a un vino por cortesía del Ayuntamiento de Cobeña, cerrando así un emotivo acto que cumplió su principal objetivo: rescatar los antiquísimos vínculos entre la villa de Cobeña y Santa María de la Cabeza, la bienaventurada del Jarama.

Además de los ponentes, el evento contó con una nutrida representación de investigadores y académicos, entre otros: María Luisa de la Calle Maldonado de Guevara, doctora en Educación Musical; el medievalista José Manuel Castellanos Oñate, quien acaba de publicar Cuarenta Linajes madrileños; Francisco Delgado Calvo, reciente autor de la voluminosa obra Prebendados de la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares (1479-1991); Jesús López Sobrino, director durante veinte años del programa de RTVE El Día del Señor; Nieves Vidal, coadministradora del grupo de Facebook Historias Matritenses; Felipe Rodríguez Martínez, cronista oficial de Coca y su Tierra; Vicente Urones Sánchez, director de la Schola Gregoriana Gaudete de Zamora; Miguel Alcobendas, cronista oficial de Algete y representante de la Real Asociación de Cronistas Oficiales de España, así como de la Asociación de Cronistas de Madrid, cuya presidenta Esperanza Morón transmitió posteriormente su felicitación a los organizadores.

Para terminar, en estas páginas debemos agradecer la gran labor de La Gatera de la Villa en la difusión del evento, así como la presencia de los gateros Pablo Aguilera, Cristóbal Coleto y Julio Real. Gracias a La Gatera, junto al esfuerzo compartido de otros tantos amantes de la Historia madrileña, pudimos contribuir a la recuperación de tradiciones centenarias.

Autor: Rafael Delgado Maldonado de Guevara
Presidente de la Asociación Derecho de la Cultura
maldocanaz@gmail.com

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Nos ponemos a disposición del lector interesado en esta temática para ampliar información, así como agradecemos a los lectores que compartan con nosotros sus conocimientos.




[1] Asunto del que tuvimos oportunidad de tratar en DELGADO MALDONADO DE GUEVARA, RAFAEL. Los linajes Vargas y Gudiel: tradiciones paralelas con Nuestra Señora de Atocha en La Gatera de la Villa, nº 28, 2017. Pp. 5-11.
[2] DE QUINTANA, GERÓNIMO. A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid. Tomo I. Imprenta del Reyno. 1629. Libro Segundo. P. 122.
[3] Estas dos últimas citas son tomadas del borrador de una próxima monografía sobre Santa María de la Cabeza en la que trabaja Emilio Guerra Chavarino.
[4] Sobre este importante personaje, trataremos más adelante.
[5] SERRANO, Francisco Antonio. Historia puntual, y prodigiosa de la vida, virtudes, y milagros de la B. María de la Cabeza. Madrid, Oficina de Gabriel Ramírez, 1752. Pp. 48-49 y 28-29.
[6] DE TRUEBA, Antonio. Cuentos campesinos. Leipzig, 1865. Cita recogida en el blog Tinajas en la Cueva, de Daniel García Magariños.
[7] DE LA CRUZ, Nicolás José. Vida de San Isidro labrador, patrón de Madrid. Espejo de labradores y ejemplar de cortesanos. Madrid, 1741. Libro Segundo. P. 62
[8] Por parte de Talamanca acudieron al evento Carlos Roldán Andrés, concejal de Medio Ambiente, Patrimonio y Turismo, la guía Pepi Gil Pascual y Víctor Rodríguez, del Centro Educativo Internacional El Jarama, situado en la antigua alquería Eraza de los Vargas, de la que trataremos más abajo. Todos ellos colaboran desde hace meses para recuperar también las tradiciones talamanquesas con el santo matrimonio.
[9] Una genealogía sin contrastar de Salazar y Castro recoge el enlace entre Mayor de Vargas, en quien quedo la casa de los Vargas en Madrid, y Miguel Ruiz, Señor de Cobeña. Real Academia de la Historia — Signatura: 25, fº 136 v. (2ª foliación). — Signatura antigua: D-25, fº 136 v. (2ª foliación).
[10] Biblioteca Digital Memoria de Madrid. Signatura 3-176-14.
[11] Según calculamos a partir de la genealogía de los Álvarez de Vargas contenida en DE PORTILLA Y ESQUIVEL, Miguel. Historia de la Ciudad de Compluto. 1725. Pp. 568-569.
[12] Para seguir la genealogía de esta familia, hemos consultado en la Biblioteca Nacional las entradas sobre los Vargas de MOGROBEJO, Endika. Diccionario hispanoamericano de heráldica, onomástica y genealogía : adición al "Diccionario heráldico y genealógico...", por Alberto y Arturo García Carraffa. Bilbao : Mogrobejo-Zabala, 1995-<[2009]>
[13] Dato obtenido de la web Turismo Daganzo.
[14] AHN. UNIVERSIDADES, 778, EXPEDIENTE 24.
[15] Gaceta de Madrid. Números 52-104. Imprenta Real, 1794. Pp. 907-908.
[16] AHN/1.1.47.1.2//ESTADO-CARLOS_III,Exp.375.
[17] Antigua localidad en la actual área residencial Fuente del Fresno, término municipal de San Sebastián de los Reyes.
[18] Al tener conocimiento de este dato, el investigador local Daniel García Magariños nos indicó que en su momento le había extrañado no encontrar hidalgo alguno en Cobeña al revisar el Catastro de Ensenada. Según este estudioso, la explicación pudiera ser la elevada población judía en la Cobeña antigua. Desde este artículo proponemos como mera hipótesis algún tipo de singular privilegio que permitiera a Cobeña rechazar el reconocimiento como hidalgo a quien tenía derecho a ello –evitándose así la exención de impuestos y duplicidad de estados que los vecinos hidalgos acarreaban-.
[19] También creemos partícipe en la divulgación de tales tradiciones al linaje Colodro, el cual ya vimos reivindicaba parentesco con Santa María a través de los Cabeza. De igual modo a la familia Benito, emparentada a la vez con los Colodro y los Vargas, presentes en Ajalvir, Cobeña y Paracuellos.
[20] Entre otras, la Capilla del Obispo, la Casa de Iván de Vargas en San Justo –rama Gudiel de Vargas-, el Museo de San Isidro o la cuadra del Pretil de Santisteban.
[21] A principios del siglo XVIII encontramos pleiteando contra Juan Isidro de Vargas por derechos sobre una capellanía en Ajalvir a su homónimo Juan Isidro Benito, apellido vinculado a los Colodro de Cobeña, el linaje que se decía pariente de Santa María. ANH, UNIV. 282, EXP. 58.
[22] Siendo la primera Isidra Tomasa Lorenzo de Pedrosa César Gudiel de Vargas, mujer de Pedro Macanaz, ministro de Gracia y Justicia con Fernando VII, y los últimos –por ahora- los actuales Isidro y Pablo Isidro Maldonado, padre e hijo entre ellos, tío y primo terceros del autor.

[23] Para ampliar información, el lector encontrará el artículo La alquería 'Eraza': las tierras de los Vargas en Talamanca de Jarama y San Isidro Labrador en el Blog Maldonado y Macanaz. También publicado en Revista La Voz, septiembre de 2017. Pp. 37-38.

[24] Entre otros: DE QUINTANA, Gerónimo. A la muy Antigua, Noble y Coronada Villa de Madrid. Historia de su Antigüedad, Nobleza y Grandeza. Madrid, Imprenta el Reino, 1629. P. 125; DE ARGAIZ, Gregorio. La soledad y el campo laureados por el solitario de Roma, y el labrador de Madrid, San Benito, y San Isidro. Madrid, Francisco Nieto, 1671. Pp. 145-146. SERRANO, Francisco Antonio. Historia puntual, y prodigiosa de la vida, virtudes, y milagros de la B. María de la Cabeza. Madrid, Oficina de Gabriel Ramírez, 1752. Pp. 38-40, 107-108, 127-129.

[25] KESSELL, John L. Remote Beyond Compare: Letters of Don Diego de Vargas to His Family from New Spain and Mexico, 1675-1706 (Journals of Don Diego De Vargas), 1989.

[26] DE LA CRUZ, Nicolás José. Vida de San Isidro labrador, patrón de Madrid. Espejo de labradores y ejemplar de cortesanos. Madrid, 1741. Libro Segundo. P. 208.
[27] Nos fue facilitado el escudo por José Julio Ortiz Chisvert quien lo había recibido a través de Luis Yuste, investigador de Paracuellos de Jarama. Posteriormente, Emilio Guerra Chavarino nos indicó que el escudo corresponde a un grabado de 1615 sobre San Isidro y Santa María localizado en el Archivo de Villa, con referencia AVM Secretaría, 2-276-20.
[28] RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro. Paseo 3. Barrio de Santa Marina: La Puerta de Colodro. En Paseos por Córdoba (1873-1875).
[29] DE ROA, Martín. Flos sanctorum, fiestas i santos naturales de la ciudad de Cordova, por Alonso Rodriguez Gamarra, 1615. P. 175.
[30] Diario de Córdoba, artículo de Isabel Leña, 04/04/2010.
[31] La obra de Guerra Chavarino puede consultarse en las principales bibliotecas de Madrid: Biblioteca Nacional, Regional de la Comunidad, Conde-Duque, Iván de Vargas, entre otras.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Vídeo y reseñas del evento 'Cobeña medieval'

En este enlace del Ayuntamiento de Cobeña se encuentra el vídeo íntegro del evento celebrado el día 25 de noviembre 'Cobeña medieval: Santa María de la Cabeza, San Isidro y los Vargas', en el que tuve la oportunidad de ofrecer la charla 'El Señorío de Cobeña y los Vargas: origen de las tradiciones locales con Santa María de la Cabeza y San Isidro':

https://www.facebook.com/aytocobena/videos/1740172585995895/

Adjunto enlace también a dos interesantes reseñas:

Nota de Miguel Alcobendas, cronista oficial de Algete, para la Real Asociación de Cronistas Oficiales de España: http://www.cronistasoficiales.com/?p=81125

Entrada del blog Tinajas en la Cueva, por Daniel García Magariños: https://tinajasenlacueva.wordpress.com/2017/12/03/resena_25_noviembre/
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Autor: Rafael Delgado Maldonado de Guevara
maldocanaz@gmail.com
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Los linajes Vargas y Gudiel: tradiciones paralelas con Nuestra Señora de Atocha

Artículo publicado en La Gatera de la Villa. Segunda época / número 28 / Otoño de 2017. Enlace de la revista íntegra: http://www.gateravilla.es/la-gatera-de-la-villa-no-28/

Los linajes Vargas y Gudiel, tuvieron un papel principal en el Madrid medieval. Los primeros, presentes en la Reconquista junto a Alfonso VI –y quizás antes, como cristianos del Mayrit musulmán-; los segundos, familia mozárabe por excelencia de Toledo donde ejercieron la alcaldía mayor, con una rama avecindada en Madrid desde el siglo XIV. En este artículo nos centraremos en dos historias de sorprendente similitud ocurridas en tiempos de Enrique II y que vinculan a ambas estirpes con Nuestra Señora de Atocha.

            La primera de estas memorias tiene por protagonista al bravo Hernán Sánchez de Vargas, líder en Madrid de la parcialidad de Pedro I de Castilla en la guerra que libró éste con su hermano Enrique a partir de 1366. Respecto a los orígenes de Hernán, de quien sabemos fue señor de Cobeña y veterano de Alfonso XI, los nobiliarios coinciden en situarle como descendiente del mítico Iván de Vargas, a quien la tradición tiene como patrón de San Isidro y por cuya ascendencia remota disfrutaron los Vargas de singulares privilegios respecto al santo labrador hasta fechas recientes. Aunque la mayoría de las fuentes refieren de manera genérica el parentesco, algunos lo concretan levemente: era descendiente del hijo menor, de tres que tuvo Iván de Vargas,[1] y hay quien sitúa a Hernán como hijo de Iván,[2] lo cual descuadra a este último con San Isidro. Nosotros nos inclinamos por pensar que Sánchez de Vargas era descendiente directo pero no inmediato del patriarca Iván y posiblemente poseyó algún vínculo originado en tiempos de su afamado ancestro, quizás el propio Señorío de Cobeña como aparece en algunos textos.

Volviendo al asunto que nos ocupa, una vez sitiada Madrid por el futuro Enrique II, Hernán fue elegido cabeza del partido del rey Pedro: Reunidos doce de los principales ricos-hombres que habían honrado con su voto al elegido, en la plaza principal del Alcázar, lo levantaron en pié sobre un escudo y le volvieron sucesivamente hácia las cuatro partes del mundo, en cada una de cuyas cuatro direcciones hizo el novel capitán una cruz con la espada desnuda diciendo: “Yo, Hernán Sánchez de Vargas, desafío en el nombre de Dios, á todos los enemigos de la fé, de mi señor el rey y de la tierra." Dicho y hecho lo cual le bajaron al suelo y poniéndole el alférez mayor en la mano el estandarte de la villa le dijo: “Yo te otorgo en nombre del rey que seas adálid."[3]

            Cuentan las crónicas que los defensores de Madrid  ofrecieron férrea resistencia, sin embargo Enrique logró traspasar las murallas con sus huestes, lo que algunos achacan a la traición de un tal Domingo Muñoz, vecino de Leganés, de quien se dice entregó las torres de la puerta de Moros confiadas a su defensa.

Más novelesca, otra narración refiere a una hilandera de la calle de Galdo –del Candil hasta 1901-, como la principal artífice de la entrada del rey fratricida: Permanecía Madrid fiel á Pedro I cuando llego D. Enrique al sitio hoy calle del Candil, en que tenia su casa una hilandera-, dio ésta noticia de una mina que conducía al alcázar, y en varios reconocimientos alumbró con su candil, naciendo la advertencia de que no entraran antorchas por si de las luces se apercibían en la villa; por último acompañó con su candil al mismo D. Enrique, quien, después de haber premiado á la hilandera, mandó colgar un candil de plata en aquel sitio. Cuando los hermanos llamados los Preciados le compraron quisieron quedarse con el candil; el Consejo decidió que pertenecía al rey; con el se fundió una lámpara para Atocha, poniéndose en su lugar otro de hierro, que al fin desapareció.[4]

Don Enrique entra en Madrid alumbrado por el candil de la hilandera. Imagen obtenida de José Castillo y Soriano. A la luz de un candil. Tradición de la época de don Enrique II en Romancero español. Colección de romances históricos y tradicionales. Imprenta de J. Noguera, Madrid, 1873.


Una vez entran los partidarios de Enrique comienza una dura batalla urbana: Levantaronse vanderas por el Rey don Enrique, sobre las almenas de las murallas: ocuparon la villa los soldados, si bien la Nobleza della, atendiendo mas ala lealtad devida a su Rey, y Señor natural, que al peligro manifiesto a que se ponia, resistio la entrada valerosamente.[5] Los Vargas y los Luzones capitaneados por Hernán combaten con gallardía en los alrededores de la puerta de Guadalajara, a pesar de sufrir una clara inferioridad numérica que las deserciones acrecientan rápidamente. Reducidos en el combate, según unos, o rendidos tras la muerte de su rey Pedro en Montiel, según otros, lo cierto es que los líderes madrileños cayeron presos del nuevo poder y condenados a muerte.

En la antesala del degüello, Enrique II perdonó la vida a Hernán Sánchez, quien rehusó el indulto pues no alcanzaba a sus compañeros de armas; ante lo cual el rey de las Mercedes acabó perdonando a todos la vida, gesto que se consideró fruto de la intercesión de la Virgen de Atocha, cuya devoción compartían Sánchez de Vargas y el soberano: Esta piedad tan extraña al parecer en el Infante, se atribuyó por Hernan, á la devocion que siempre profesó á la Virgen de Atocha, á quien ántes se había encomendado muy de veras; y para memoria del lance, y última señal de su agradecimiento, mandó fuese sepultado en la Ermita de esta Señora, con la insignia que llevaba al suplicio.[6]
Las diferentes versiones suelen coincidir en que la intercesión de Nuestra Señora se produjo tras las invocaciones del propio condenado, aunque un relato menos extendido confiere protagonismo a la mujer de Hernán Sánchez: La esposa de este sola y animosa, y realizando una de esas ideas imposibles que solo las mugeres apasionadas pueden concebir, habia salido de su casa, había atropellado por entre los guardas, habia llegado hasta el orgulloso conquistador, habia sabido conmover su corazon, y con sus ruegos y sus lágrimas habia alcanzado el perdon de su marido.[7] Sin perjuicio de lo anterior, nosotros creemos que Enrique pudo verse también influido en el perdón por la mediación de otro Vargas madrileño, fiel aliado del nuevo rey: don Fernando de Vargas, obispo de Burgos, entrañablemente querido de don Enrique, con quien habia compartido así los tristes dias del infortunio como los prósperos de la bienandanza.[8]

La esposa de Hernán Sánchez de Vargas suplicándole que acepte el perdón.
Imagen obtenida en Museo de las Familias, Tomo VII. Madrid, 1849, Mellado Editor. Pág. 3


Con todo, creemos que la rehabilitación de Sánchez de Vargas no fue completa y sufrió represalias por su postura en la guerra: el Trastámara donó Cobeña a Pedro González de Mendoza, relevante miembro de dicha Casa, mediante carta de 15 de junio de 1369.[9] Aun así, más o menos disminuido en sus tierras y privilegios, Hernán Sánchez salvó la vida y continuó encabezando la familia madrileña de los Vargas, cuyas principales ramas reivindicarán su ascendencia durante siglos.

La gesta de Hernán Sánchez de Vargas debió de tener por testigos a los Gudiel toledanos, pues fue en tiempos de Pedro I cuando una rama de esta familia se trasladó a Madrid.[10] Se considera a Gudiel el apellido mozárabe por antonomasia[11] y diversos autores, como Diego Fernández de Mendoza y Gerónimo de Quintana, aseguran que la etimología del apellido Gudiel responde a su sangre goda.[12] La memoria de esta vieja familia se pierde en el Toledo musulmán y los cronicones les nombran trasladando los restos de San Ildefonso al norte para protegerlos de los invasores mahometanos, narrativas que no constituyen una fuente histórica fidedigna pero demuestran el añejo prestigio de la familia: No le llevaron a Oviedo con las demás reliquias, porque entendiendo los parientes de San Ildefonso, los Caballeros y Palatinos, que esta ciudad de Toledo por su grande fortaleza se pudiera defender de los moros, dilataron sacar della el santo cuerpo: más visto que esto era imposible, a los quatro del mes de Julio de setecientos y diez y ocho le desenterraron, y le trasladaron a la ciudad de Zamora, donde se quedaron en su compañía. Los que le llevaron fueron unos Caballeros de los Gudieles, como lo dice Fray Juan Gil de Zamora en las adiciones que hace al Cronicón de Juan Pérez (...) Ciertos Caballeros del linaje de los Gudieles y de Ezlazaro, y de los Palomeques sacaron el cuerpo de San Ildefonso de Toledo, y lo llevaron a Zamora.[13]

            Los Gudiel jugaron un rol importante para afianzar la autoridad castellana en la Ciudad Imperial tras su reconquista por Alfonso VI en el año 1085. Durante generaciones, los miembros del linaje ejercieron cargos relevantes en Toledo, tanto civiles –alcaldía y alguacilazgo mayores-, como eclesiásticos. Entre las figuras señeras de la estirpe destaca Fernando Díaz Gudiel, alcalde mayor de la ciudad y señor de la Torre de Esteban Hambrán. Fallecido en 1278, se conserva su enterramiento en la Catedral adornado con alabanzas a la Virgen María en grafía arábiga, evidencia de cuan arraigadas eran las raíces mozárabes de una familia que mantenía la lengua árabe tras dos siglos de poder castellano.

            Directos del alcalde Fernando, una rama de los Gudiel llegó a Madrid en tiempos del Cruel y radicó su casa solariega en la parroquia de San Ginés. Desde bien pronto jugaron un papel destacado en la Villa, pues en 1374 Enrique II convocó Cortes en Burgos y Madrid envió como procurador al regidor Diego Fernández de Gudiel. En esta convocatoria legislativa se produjeron unos hechos tenidos por milagrosos que se solapan de manera sorprendente con la salvación de Hernán Sánchez de Vargas.

            Todo empezó con una pelea de criados ocurrida en las posadas de San Esteban donde se alojaba el regidor Gudiel, enfrentándose en fea riña los sirvientes del infante Sancho de Castilla, Conde de Alburquerque y hermano del Rey, con los del ya mencionado Pedro González de Mendoza. Don Sancho intervino para poner fin a la trifulca, con tan mala fortuna que una lanzada anónima le alcanzó el rastro y falleció poco después. Sin culpable al que ajusticiar, el dolido hermano y enojado rey ordenó decapitar a varios de los presentes a modo de escarmiento, empezando por Fernández de Gudiel por ser el personaje de más alto rango entre los presentes; aunque contra ninguno existía prueba más allá de su mera presencia en el lugar del crimen. Camino del cadalso, el regidor madrileño encomendó su alma a Nuestra Señora de Atocha rezando con devoción a una estampa suya que siempre le acompañaba.

            Sucedió que mientras la fúnebre comitiva de reos recorría la cal tenebrosa[14] le divisó su amigo Mosén Román, judío, contador mayor de Castilla y muy próximo al monarca. Román era vecino de Gudiel en Madrid y le tenía gran estima. Tras recabar información sobre el lance, el financiero solicitó al verdugo que dilatase la ejecución y corrió a pedir clemencia al rey. Enrique el Enfermo[15] escuchó con atención a su colaborador, quien incidió en la inocencia del regidor y en su buena fama, y el monarca le perdonó la vida. A toda prisa, el hebreo retornó al lugar del suplicio junto a un repostero de camas que portaba el anillo real en prueba de la decisión regia. Ante ello, Fernández de Gudiel, aunque agradecido a su vecino Mosén, al igual que Sánchez de Vargas declinó gallardamente el perdón real por no alcanzar a los demás condenados: Yo os tengo en merced la buena obra que me quereis facer, no voy en tiempo de poderoslo pagar, pero mando a mis hijos, y los que dellos vinieren que hagan con vos, y con los vuestros como vos quereis facer conmigo. Estos caballeros vinieren a ayudar a defender mi possada, avemos estado en una compañia; nunca pleque a Dios yo los dexe en este camino. Y bolviendose al pregonero dixo: Tira, y di tu pregon, anda, que yo no quiero gozar de la vida.[16]

            Ante la actitud de Gudiel y lastimados los presentes por la pronta muerte de tan brioso regidor, Román obtuvo un nuevo aplazamiento mientras recababa el parecer de Enrique II, quien finalmente accedió a conmutar la condena a todos los reos quienes fueron puestos en libertad. Esta salvación in extremis ganó fama de milagrosa por deberse a la intervención de Nuestra Señora de Atocha, aunque autores más modernos sospechan que el monarca entendió el problema político que suponía decapitar a un hombre cuya valiente actitud le granjería a buen seguro el favor popular y contra quien en definitiva no existía prueba alguna.

De una u otra manera, lo cierto es que Diego Fernández Gudiel quedó a salvo y cumplió una promesa que le hizo a la Virgen de Atocha antes de la proyectada ejecución. Así, recorrió a pie la distancia que separa Burgos de Madrid, con la soga al cuello, a pie, descalço, y atadas las manos, que nunca consintio desatarselas, sino para comer.[17] Cuentan las crónicas que las gentes de Castilla salían a su paso admiradas y las prédicas del penitente provocaban fuertes manifestaciones de devoción mariana. De este modo, con los pies y las manos holladas por una caminata interminable, llegó el bravo Gudiel a la ermita de Nuestra Señora de Atocha, donde depositó la soga mandando pintar y escribir el milagro en una tabla que también quedó expuesta en la ermita.

Durante las siguientes generaciones los Gudiel continuaron ejerciendo cargos en Madrid. Así encontramos a Diego Fernández Gudiel, documentado como regidor del concejo (1444-1445),[18] y también a Francisco de Gudiel, asimismo regidor (1475-1478).[19] Este Francisco de Gudiel fue también alcaide del Castillo de Burgos (1507-1509) y jalonó el apellido con otro hecho caballeresco cuando pidió permiso a los Reyes Católicos para desafiar en duelo al noble Fernán Bermúdez, caballero castellano al servicio de Alfonso V de Portugal, en desagravio a unas malas palabras que había tenido para con Fernando e Isabel. El duelo fue convocado en las haceñas de Gijón, cerca de Zamora, el 28 de febrero de 1476,[20] declarándosele vencedor por inasistencia del contrario.[21]

Hijo de Francisco y de Constanza de Toledo, Diego Gudiel de Toledo mandó reponer la tabla que narraba en la ermita de Atocha la milagrosa intercesión de la Virgen para con su tatarabuelo Diego Fernández Gudiel, lo que demuestra la adhesión de la familia a tales glorias: Y porque esta escritura estava rota, según el mucho tiempo que ha que se escrivio, Diego Gudiel de Toledo, reviznieto del dicho Diego Fernandez de Gudiel, la mandò renovar. Acabose año de mil y quinientos y sesenta y nueve, y en este dicho año Francisco Gudiel de Vargas, hijo del dicho Diego Gudiel, deudo deste Cavallero la renueva agora.

Diego Gudiel de Toledo, admitido en la Corte en 1498 donde prestó servicios durante muchos años, contrajo matrimonio a principios del siglo XVI con María de Vargas, de la rama madrileña y por tanto descendiente –no sabemos con exactitud si directa o colateral- de Hernán Sánchez de Vargas. De tal modo, en dicho matrimonio y su progenie convergieron dos tradiciones con Nuestra Señora de Atocha que presentan tantas similitudes que parece nos llegaron entremezcladas, tomando préstamos narrativos una de otra y viceversa: dos esforzados caballeros de las familias mozárabes más viejas de Madrid y Toledo; condenados a muerte en tiempos de Enrique II, uno en 1368, otro en 1374; los dos rehúsan de manera bizarra el perdón regio por no alcanzar éste a sus compañeros, gestos heroicos a los que monarca corresponde decretando una liberación general de los penados; salvaciones tenidas por milagrosas por intercesión de la Virgen de Atocha, a cuya ermita quedó vinculada por siglos la memoria de tan bravos castellanos: mediante enterramiento Hernán, y con la soga y la tabla explicativa el Gudiel.

El recuerdo de los dos caballeros perduró por siglos y la tabla con la soga expuesta acompañó a Nuestra Señora de Atocha hasta la entrada en Madrid de los franceses[22] quienes causaron innumerables destrozos en el templo. El linaje Gudiel de Vargas acabó asociado a otra devoción madrileña muy vinculada a los Vargas de Madrid: San Isidro Labrador. Tras una intrincada serie de pleitos con otra rama de la familia, Luis Gudiel de Vargas, nieto de Diego y María, tomó posesión de la Casa de Iván de Vargas[23] y de una llave del sepulcro de San Isidro el 30 de abril de 1598, ante Rodrigo López Rocha, notario de Madrid.[24]

En este punto nos aventuramos a sugerir que la especial vinculación entre las devociones de Nuestra Señora de Atocha y San Isidro –al menos desde el siglo XIV-, y la singular conexión de ambas con la Familia Real, pudiera tener parte de explicación en sus cruzadas relaciones con la Casa de los Vargas, quienes tan habilidosamente realzaron durante siglos sus vínculos isidriles para sacralizar las propiedades de la familia y mantener cierta familiaridad con la Corona.

La Casa de Iván de Vargas y la llave se mantuvieron en la rama de Luis Gudiel hasta el 10 de octubre de 1894, cuando el notario de Madrid Federico de la Torre y Aguado adjudicó a terceras manos la herencia del hacendado y antiguo militar Higinio Macanaz Maldonado, directo de los Gudiel de Vargas y primo hermano de mis tatarabuelos Mario y Eloísa Maldonado de Guevara y Macanaz.

Rafael Delgado Maldonado de Guevara, descendiente de Diego Gudiel de Toledo y María de Vargas


Autor: Rafael Delgado Maldonado de Guevara
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[1] Gabriel de Cepeda. Historia de la Milagrosa, y Venerable Imagen  de N. S. de Atocha, Patrona de Madrid. Madrid, Imprenta Real, 1670. P. 218
[2] Joseph Antonio Álvarez y Baena. Hijos de Madrid. Tomo II. Madrid, oficina de Benito Cano, 1740. P. 385
[3] Dionisio Chaulié. El bodegón de la cadena. Tradición madrileña. Imprenta de El Tiempo, 1896, Madrid. P. 51
[4] Ángel Fernández de los Ríos. Guía de Madrid. Madrid, 1876. P. 70
[5] Gerónimo de Quintana. Historia del Origen y Antigüedad de la Milagrosa y Venerable Imagen de Nuestra Señora de Atocha. Madrid, Imprenta del Reyno, 1637. P. 66
[6] Joseph Antonio Álvarez y Baena. Op. Cit. P. 385
[7] Francisco Fernández Villabrille. Hernán Sánchez de Vargas. Incluido en Museo de las Familias, Tomo VII. Madrid, 1849, Mellado Editor. Pp. 3-5.
[8] José Amador de los Ríos y Juan de Dios de la Rada y Delgado. Historia de la Villa y Corte de Madrid. Tomo I. Ferrá de Mena, Madrid, 1860. Pág. 385
[9] Biblioteca Digital Memoria de Madrid. Signatura 3-176-14.
[10] Manuel Montero Vallejo. Oficios, costumbres y sociedad en el Madrid bajomedieval en Revista de Dialectología y tradiciones populares. Tomo 56, Cuaderno 1. CSIC, 2001. P. 31
[11] Así lo afirma el párroco Alfonso Eugenio Galdeano Alba, genealogista mozárabe.
[12] Gerónimo de Quintana. A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid. Historia de su Antigüedad, Nobleza y Grandeza. Madrid, Imprenta del Reyno, 1629. P. 224
[13] Francisco de Portocarrero. Descesión de Nuestra Señora a la Santa Yglesia de Toledo y vida de San Ildefonso, Arzobispo della. En Madrid, por Luis Sánchez, 1616. P. 48
[14] Podría tratarse de la burgalesa calle Tenebrosa o Tenebregosa, tramo de la actual calle Fernán González que abarcaba desde la Iglesia de San Nicolás hasta la Puerta de San Martín, según leemos en Yolanda Guerrero Navarrete. Estructura Urbana de Burgos en el siglo XV, capítulo recogido en Homenaje al Profesor Juan Torres Fontes, Volumen I. Edición conjunta de la Universidad de Murcia y la Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1987. P. 738.
[15] Apelativo con el que Gerónimo de Quintana nombra a Enrique II.
[16] Gerónimo de Quintana. A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid. Tomo I. Imprenta del Reyno. 1629. Libro Segundo. Pp. 224-225
[17] Francisco de Pereda. Historia de la Santa y Devotissima Imagen de nuestra Señora de Atocha. Valladolid, por Sebastián de Cañas, 1604. Tercera parte. Pp. 143-146
[18] Según notas facilitadas amablemente por el medievalista José Manuel Castellanos Oñate.
[19] José Manuel Castellanos Oñate. El regimiento madrileño (1465-1515). Anales del Instituto de Estudios Madrileños. Tomo XXX. CSIC, 1991, Madrid.
[20] López de Haro. Nobiliario de España, Tomo II, p. 455.
[21] Ana Isabel Carrasco Manchado. Discurso político y propaganda en la Corte de los Reyes Católicos (1474-1482). Universidad Complutense de Madrid, 2000. P. 348
[22] Diario de Madrid, 21 de noviembre de 1814, núm. 325
[23] Casas principales de los Vargas en la parroquia de San Justo, en el solar que actualmente ocupa la Biblioteca Pública Municipal Iván de Vargas, en la actual calle del Doctor Letamendi, antes conocida como calle del Tentetieso o Costanilla de San Justo.
[24] La Correspondencia de España: diario universal de noticias. Año XV. Número 1435-1862, 21 de mayo. P. 1