domingo, 25 de septiembre de 2016

Historia del Molino de la Hoz (Las Rozas), mayorazgo de los Vargas

Atravesada por el río Guadarrama se encuentra en el término madrileño de Las Rozas una urbanización llamada El Molino de la Hoz. En esta entrada expondremos la historia de dicho lugar mientras fue mayorazgo o heredamiento de los Vargas de Madrid. Y ello abarca desde su fundación, que podemos datar a mitad del s. XVI -aunque deducimos que las tierras pertenecían a los Vargas desde al menos un siglo antes- hasta su enajenación a terceras manos en la segunda mitad del S. XIX.

Fotografía majadahondamagazin.es


Remontándonos en el tiempo, el heredamiento de la Hoz parece ser tierra inmemorial de los Vargas de Madrid, antiquísimo linaje con constante presencia en la historia matritense. Así, ya en la reconquista de la ciudad aparecen junto al rey Alfonso VI los tres Vargas, que tuvieron parte importante en la toma y fueron premiados con tierras y casas. Descendiente de estos, Iván de Vargas, de memoria inmortal como señor de San Isidro Labrador, y ascendiente remoto de todas las distinciones que el apellido gozó en Madrid. Sus herederos tendrán un destacado papel en la guerra civil que enfrentó a Pedro I y Enrique II (1367-1369).

Durante la primera mitad del s. XV los Vargas (Diego I y Fernando, entre otros) aparecen como regidores de Madrid, importantes hacendados y custodios de las reliquias de aquel labrador tenido popularmente por santo (Isidro no sería canonizado hasta el s. XVII).

En este contexto, a mediados del s. XV encontramos los primeros documentos que vinculan a los Vargas con el Molino de la Hoz. Se trata de Pedro I de Vargas, casado con Juana González de Cortinas, a la que creemos pariente lejana de Leonor de Cortinas, madre de Miguel de Cervantes -en esta entrada tratamos su genealogía-. Pedro y Juana tuvieron numerosa descendencia: Iván III, Diego II, Juan II, Pedro II y María I de Vargas, como aparece en el testamento otorgado el 18 de diciembre de 1478 ante Miguel Rodríguez de San Clemente, escribano numerario de Madrid. De este documento se dio testimonio por autoridad judicial por Felipe del Castillo, escribano de número de Alcalá de Henares el 23 de octubre de 1625.

Aunque no lo tenemos por absoluta certeza, deducimos que La Hoz era propiedad de Pedro I de Vargas -quizás como tierra inmemorial de su linaje-, según se desprende del siguiente texto de 1481 donde aparecen unas tierras en la ribera del Guadarrama propiedad de Pedro de Vargas, padre de Diego de Vargas y un segundo Pedro de Vargas, heredero del primero; lugar y personajes que nosotros identificamos con Molino de la Hoz, Pedro I , Diego II y Pedro II de Vargas, respectivamente:

“En razón de la tajada[1] que Diego de Vargas, hijo de Pedro de Vargas, hacía en el río de Guadarrama, y les habían quejado que era en perjuicio de esta Villa […] y con Pedro de Vargas, que es heredero del soto donde se hace, para que lo vean […] 23-III-1481”.[2]

[1] Compuerta en las acequias de riego.
[2] FERNÁNDEZ MONTES, M. Léxico agropecuario de la Villa y Tierra de Madrid (1464-1600) según los Libros de Acuerdo del Concejo de la Villa. CSIC, Madrid, 1999. Pág. 327.

Contiguo al Molino de la Hoz, Pedro I de Vargas parece también tenía intereses sobre el Monte de El Pardo:

"dixo que oyera dezir a Juan Alfonso de Romanillos e a Juan Alfonso su fijo e al dicho Domingo Martínez, seyendo moradores en El Pardo aldea de la dicho Madrit, que seyendo della un monte que esta en termino de la dicha aldea del Pardo, que lo tienen entrado e tomado e apropiado a sy Pero de Vargas e Gutierrez Ferrandez e el dicho Ruy Vasquez, anbos regidores de la dicha Villa, prendando sus omes de los sobre dichos a los vezinos e moradores de la dicha Villa que fallaron cortando leña e pasçiendo con sus ganados en el dicho monte, e non dexando fazer lo a otros vezinos de la dicha Villa, salvo a los que se avenian con ellos de les dar çierto preçio porque pasçiesen en el sus ganados e cortasen ende leña; e que tanpoco consentian caçar en el dicho monte nin pescar en el dicho rio sin la dicha avenençia .... e que dixo que ante paçificamente usaran los vezinos e moradores de la dicha Madrit e su tierra".[1]

[1] Información recopilada por el bachiller Luis Rodríguez de Valladolid en 1434, recogida en HERNANDO ORTEGA, Francisco Javier. Tesis Doctoral: El Patrimonio Municipal de Madrid en el Antiguo Régimen. Bienes de propios, comunales y baldíos, siglos XI - XVIII. Universidad Autónoma de Madrid, 2003. P. 145

La hija de Pedro I, María I de Vargas, contrajo matrimonio con Juan de Tapia, hijo de Juan Ruiz de Tapia regidor de Segovia. Las capitulaciones matrimoniales fueron otorgadas el 2 de enero de 1467 ante el escribano público de Madrid Ruidíaz. Allí consta que Pedro y Juana dieron cierta cantidad de maravedíes a su hija María para su sustento al momento de contraer matrimonio. Posteriomente todos los hermanos (excepto Pedro II que debió morir antes sin descendencia) se repartieron herencia mediante convenio escriturado en Madrid a 7 de enero de 1490, ante el escribano Gerónimo Fernández, para partición y división de ciertos bienes proindivisos de la herencia de sus padres.

María I de Vargas y Juan de Tapia tuvieron un varón llamado Francisco de Tapia y Vargas, casado con María Beltrán, según acredita escritura de capitulaciones otorgada en Madrid a 31 de enero de 1551 ante el escribano de número Gonzalo Durango. En esta escritura aparece recogido el heredamiento de la Hoz a favor de su hija María II de Vargas, casada con Álvaro de Mena: "Francisco de Tapia y María Beltrán su mujer de una parte, y de la otra Álvaro de Mena, en la que consta que Francisco de Tapia fue hijo de Juan Ruiz de Tapia y Da.María de Vargas, y que el mismo Francisco hubo por hija de su matrimonio con María Beltrán, otra Da. María de Vargas, que casó con Álvaro de Mena, para cuyo matrimonio la dieron sus padres el heredamiento de la Hoz, y otros bienes, de que se hizo el vínculo."

A pesar de otorgarles La Hoz en 1551, el matrimonio De Mena y Vargas ya gestionaba el mismo desde años atrás, como demuestra el hecho de que Álvaro de Mena solicitase Al Consejo de Estado la construcción de un segundo molino, lo cual fue concedido por Real Cédula de Carlos V fechada en 12 ó 17 de marzo de 1546 (siendo ésta la referencia documental más antigua que sin género de duda se refiere al Molino de la Hoz):

 “D. Carlos… por quanto por parte de vos Alvaro de Mena, vecino de esta villa de Madrid, nos fue hecha relación diciendo ay mucha falta de moliendas en especial en el término que se dice de la Foz en el qual vos tenéis un molino cabo el río Guadarrama e viendo la falta que ay de moliendas, queréis con la misma agua e presa del hacer otro molino asimismo de cubo al río de Guadarrama de lo qual no se seguía perjuicio a ninguna persona y porque no lo podíades hazer sin especial licencia, nos suplicastes e pedistes por merced vos las mandásemos dar… lo qual visto por los de mi Consejo… tovímoslo por bien e por la presente vos damos licencia y facultad para que, sin perjuicio de nuestra corona, podáis fazer en el dicho e término de la Foz el dicho molino…[1]



[1] PERIS BARRIO, Alejandro. Los antiguos molinos harineros madrileños. Publicado en Revista de Folklore, II Época, nº347. Caja España, Obra Social. Pág. 179


El Mayorazgo fue fundado por Álvaro de Mena, regidor de Madrid, y su mujer María de Vargas en su testamento de 2 de febrero de 1556, otorgado ante Gaspar Testa, escribano de número de la villa de Madrid. En virtud de providencia judicial se insertó dicho testamento mediante testimonio dado el 15 de marzo de 1601 por Gerónimo Fernández, escribano del mismo número. El matrimonio dispuso fundar "vínculo del tercio, remanente del quinto de todos sus Bienes y Hacienda con especial señalamiento de la Hoz, y con las legítimas de su hijo mayor Álvaro, en favor de este". De esta manera mayor, instituyeron el mayorazgo a favor de su hijo Álvaro I de Mena y Vargas. En este punto, hemos de destacar el papel de Álvaro I en la empresa familiar conjunta de todos los Vargas: la canonización del venerado labrador Isidro. Resulta que en 1556 el Ayuntamiento de Madrid "cometió al regidor[1] Álvaro de Mena para que lo haga buscar"[2] en relación a un rastreo documental sobre el Labrador que las autoridades emprendieron a petición de Gregorio de Oviedo, beneficiario de la Iglesia de San Andrés.[3]
___________________________
[1] En 1561 había abonado 300.000 maravedíes para acceder a la regiduría. GUERRERO MAYLLO, Ana. La vida cotidiana de los regidores madrileños de la segunda mitad del siglo XVI. Revista de Historia Moderna, nº10, 1991. Ed. Universidad de Alicante. P. 155
[2] Archivo de la Villa de Madrid, Libros de Acuerdos, 6 de junio de 1565.
[3] ZOZAYA MONTES, Leonor. Pesquisas documentales para narrar la historia de San Isidro. Gestiones para una canonización iniciada en 1562. Prismasocial, Revista de Ciencias Sociales. Nº4, junio 2010. pp. 9 y 10

De vuelta al mayorazgo, los fundadores determinaron que de morir Álvaro I sin descendencia llamaban a heredar a su segundo hijo Juan de Mena y Vargas, y a sus hijos y descendientes legítimos; en defecto de lo anterior aparecían en tercer y cuarto lugar sus hijas María I de Mena y Vargas, y Catalina de Vargas, y sus hijos legítimos. En quinto lugar, aparecía designado Hernando de Mena, hermano del fundador.

Respecto a las condiciones, los fundadores estipularon "que no los pudieren vender, enajenar, apartar, dividir, ni empeñar, aunque fuese por causa Pía"; "precediendo en todo el mayor al menor, y el varón a la hembra, con unos mismos vínculos y sumisiones, y por vía de mayorazgo, y que los bienes de que se componía fuesen enajenables en todo y en parte para que siempre jamás fuese por los así llamados y sus sucesores con dichos vínculos y sumisiones, y que el que quedara vivo de ellos a la postre, y cualquiera de sus sucesiones en el vínculo pudiera en él para su mayor perpetuidad los demás vínculos que les pareciera, sin tocar a la propiedad de los bienes, enajenación de ellos, ni usufructo mas [ilegible] en cuanto cada uno viviera".

Del tiempo de María de Vargas y Álvaro de Mena quedan varias referencias al Molino de la Hoz y su relación con otras propiedades de los Vargas en Madrid, recogidas en las Relaciones Topográficas de Felipe II, editadas por el CSIC en 1993:

"El Guadarrama es un río pequeño y de poco cogimiento (...)

Sin embargo mueve tres molinos de Rodeznos y un batán que sirve a los Batres (rta. 22), y dos molinos de doña María de Vargas que emplean los majariegos y los rozeños, que aclaran además que de esta señora es un batán (rta. 22). En el Guadarrama hacen la molienda los vecinos de Villanueva del Pardilla (rta. 21)". P. 70

"En Majadahonda, los Vargas de Madrid (doña María de Vargas) tenían unas buenas huertas (rta. 21), como en Las Rozas que tenía huertas, soto, viñedo y molino (rtas. 21 y 22)". Volumen III. Pág. 110

" 21. Item, cuanto al capítulo veinte y uno, dijeron que en el dicho río de Guadarrama una legua de este dicho lugar, hay unas huertas y un soto y una viña, que es de la ilustre señora doña María de Vargas, vecina de la villa de Madrid, y que los frutos que en dicha huerta hay es melocotón y durazno y manzana, y se riega con el agua de dicho río, y que lo que le vale de renta las dichas huertas no lo saben.

22. Item, cuanto a capítulo veinte y dos, dijeron que en el dicho río de Guadarrama hay unos molinos, que son de la dicha señora doña María de Vargas, y un batán que está en término de Madrid, y que no tiene noticia ni saben lo que le rentan cada año".

23. Item, cuanto a capítulo veinte y tres, dijeron que este dicho lugar es falto de agua, y que no hay en él sino solamente un caño y un pozo, de donde se proveen para beber en el dicho lugar, y son de poca agua, que aún para el ganado de labor hay poca agua, y que suelen ir a moler a los molinos que son de la dicha señora doña María hasta el mes de mayo, y que llegando mayo se acorta el agua,  porque en el lugar de Cercedilla y los Molinos y Guadarrama y Monasterio y en Román Calderas, quitan el agua de dicho río para regar sus prados y huertas, a esta causa no muelen los dichos molinos hasta el mes de mayo, y de allí para adelante van a moler al río Guadarrama y a Manzanares, que están que están cinco o seis leguas deeste dicho lugar." P. 662.

Como detalle a considerar, las Relaciones Topográficas recogen que en unas tierras cercanas al Molino de la Hoz "tienen falta de pan y vino, porque se coge poco por razón de los daños que la caza del bosque del Pardo de Su Majestad les hace, y de ello se proveen de acarreo de la tierra de Madrid y de fuera de ella". Esta proximidad con el Pardo, área de recreo cinegético para los Reyes de España, debió causar constantes problemas en el Molino de la Hoz; más delante trataremos un auto judicial de 1777 que recoge una pericial en que se señalan desperfectos causados por la caza del monarca.

Álvaro de Mena y María de Vargas fallecieron años después de instituido el mayorazgo, con participación y ejecución de herencia a 23 de abril de 1578. En el mismo testimonio de 1601, aparece una nueva escritura de fundación de mayorazgo, esta vez a cargo de María I de Mena y Vargas, hija de los fundadores del primer heredamiento, otorgada el 21 de abril de 1578, escribano de número de la villa de Madrid: "de sólo su legítima, que consistió en parte del heredamiento de la Hoz y otros bienes que le correspondieron" en la partición que de los bienes paternos se realizó entre la referida María I y sus sobrinos Álvaro II y María II de Mena y Vargas, hijos de Álvaro I y Francisca de la Torre (Álvaro I no debió de sobrevivir a sus padres y heredaron sus hijos). En este segundo mayorazgo, María I instituía herederos, por este orden: en primer lugar, a sus sobrinos Álvaro II y María II; después, a su prima segunda Isabel Bormediano; en tercer lugar, a los hijos de Francisco Gudiel de Vargas (casado con María Herrera Barnuevo).

Este último Francisco, hijo de Diego Gudiel de Toledo y María de Vargas, fue el fundador del linaje Gudiel de Vargas, rama que mantuvo la propiedad de la Casa de Iván de Vargas y una llave del sepulcro de San Isidro hasta 1886. Los Gudiel de Vargas y los Mena y Vargas tenían como primer antepasado común al matrimonio formado por Pedro I de Vargas (quien testó en 1478) y Juana González de Cortinas; por lo tanto María I era prima tercera de los hijos de Francisco Gudiel. Como veremos más adelante, a finales del siglo XVIII María Jesús César Gudiel de Vargas, nieta sexta del primer Gudiel de Vargas, invocaría dichos vínculos remotos para reclamar con éxito la titularidad del mayorazgo.

Durante dos siglos, los descendientes de Álvaro II de Mena y Vargas disfrutarían el Molino de la Hoz, el cual arrendaban a colonos, quedando constancia documental de un contrato de finales del s. XVII que incluye una interesante descripción del lugar:

"Escritura original del arrendamiento de la granja y heredamiento de la Hoz otorgada en esta villa a 19 de noviembre de 1679 ante Balthasar Ulloa y Moscoso, escribano de provincia, por D. Carlos Venero y Dª María Meñaca y Vargas de la que consta que en aquel tiempo se hallaba el heredamiento y sus fincas bien reparado, y que tenía dos molinos con los pertrechos correspondientes, casas, bodega y otros efectos que rendían anualmente [ilegible] todo lo cual se entregaba a los colonos por inventario, con la obligación de entregarlo usual y corriente fenecido que fuese el arrendamiento".

Así las cosas el linaje de Mena y Vargas disfrutaron las rentas del Molino hasta el matrimonio formado en la segunda mitad del s. XIX por su descendiente Melchora Venero Meñaca y Vagas, y Manuel Gonzalo Ter de los Ríos, hombre “adinerado y bien conocido” que vivió en la manzana conformada por las calles madrileñas de San Jorge, Reina, Clavel e Infantas.[1]



[1] DEL CORRAL, José. La Gran Vía: Historia de una calle. Sílez Ediciones, S.L., Madrid, 2002. Págs. 39-40. 

Matrimonio sin descendencia, doña Melchora instituyó a su marido como heredero universal, incluyendo el mayorazgo del Molino de la Hoz. El testamento demuestra que conocían que otras familias pretendían la sucesión remitiéndose a vínculos remotos con los fundadores, y previniendo futuros problemas los Ter-Venero intentaron liberar los terrenos de las obligaciones sanguíneas inherentes al mayorazgo. Así lo demuestra el testamento que don Manuel otorgó por su mujer ante Juan Villa y Oliez, en virtud de poder que a este fin le confirmó en 14 de marzo de 1751 ante Benito Veleña y Acosta, escribano de provincia:

"Ídem fue su voluntad declarar como el otorgante declara que la dicha su mujer fue poseedora del Mayorazgo fundado por D. Álvaro de Mena y Dª María de Vargas, y que por su muerte pretenderían la sucesión varios sujetos titulándose parientes de los Fundadores, y que para el caso en que no acreditasen legítimamente su entronque quiso que el otorgante, como su único y universal heredero, y en calidad de última poseedora del advertido Mayorazgo, gozase en calidad de libres los bienes y rentas de él, lo cual le dejó comunicado para los efectos que hubiese lugar y quiso que lo declarase como lo declara con reserva de su derecho a salvo para usar de él, cómo y cuándo le conviniese.

Y por otra de sus cláusulas con arreglo a lo prevenido por la Dª Melchora en el poder se instituyó y nombró a D. Manuel por único y universal heredero de aquella en el remanente que quedase de todos sus bienes, haciendas, derechos, acciones y futuras sucesiones, mediante no tener hijos, ni herederos forzosos, ascendientes ni descendientes".

A pesar del testamento, muerta doña Melchora y quedando vacante el mayorazgo, el marqués de Guevara accionó juicio de posesión por supuestos derechos de su mujer la marquesa de Paredes. En el mismo pleito se personó Tomás Lorenzo de Pedrosa, de familia noble de La Seca (Valladolid), en representación de su mujer María Jesús César Gudiel de Vargas. El matrimonio Lorenzo César aportó numerosa documentación que les entroncaban con los Vargas madrileños de los s. XV y XVI, entre ellos con los fundadores del mayorazgo sobre el Molino de la Hoz. La rama de los Gudiel de Vargas (en esta entrada el lector encontrará su genealogía y el nexo remoto con María I de Vargas y Juan de Tapia) disponía de papeles antiquísimos ya que disfrutaban del Mayorazgo instituido en la segunda mitad del s. XVI por Ana I de Vargas sobre la Casa de Iván de Vargas (Madrid, parroquia de San Justo, recogemos en esta entrada su tracto sucesivo) que conllevaba el privilegio de poseer una llave del Sepulcro de San Isidro Labrador -siervo del caballero Iván según la tradición- por sentencia de 1596 ejecutada en 1598. Esta distinción, con tratamiento de Señor de la Casa de San Isidro y derechos a estar presente en la apertura del sepulcro -también cierto trato con la Casa Real española, que utilizaba el cuerpo incorrupto del Labrador para fines milagrosos- fue discutida a los Gudiel de Vargas durante siglos por familias poderosas, lo cual les obligó a guardar con celo la documentación de los Vargas originales.

Los Juzgados validaron los derechos de María Jesús César Gudiel de Vargas en primera instancia por "no haber justificado el Marqués de Guevara ni Ríos derecho alguno a él, por auto de 20 de mayo de 75 se le mandó dar la posesión a Pedrosa en representación de su mujer, y la tomó con efecto sin contradicción alguna".

Posteriormente, Tomás Lorenzo pleiteó con Ter de los Ríos exigiéndole documentación del mayorazgo, así como indemnización de lucro cesante por el tiempo que Ter lo había disfrutado desde el fallecimiento de su esposa. Los Juzgados no validaron estas nuevas pretensiones del matrimonio Lorenzo-César Vargas pero reforzaron sus derechos de posesión civil y natural. En este pleito se menciona "la escritura de convenio otorgada por el gremio de vidrieros a favor de los poseedores del Mayorazgo de Mena en razón de un censo perpetuo", del que no encontramos más información.

Según aparece en los autos judiciales, por entonces el Molino estaba arrendado a un colono llamado Félix de la Carrera mediante antiguo contrato verbal con doña Melchora, así como existían rentas de algún tipo con Agustín Aguado, vecino de Fuenlabrada. Lorenzo de Pedrosa solicitó judicialmente que se revisase el estado de la finca, quedando las siguientes descripciones: maestro arquitecto Vicente Barcenilla: "(...) resultó de ellas hallarse el Molino, casa, [ilegible], y presa bastante deteriorados, según expresó el Arquitecto"; perito labrador Juan Manuel Jiménez: "la hacienda de campo se hallaba medianamente cuidada, y labrada, y que aunque había algún deterioro, está causado por la caza del Rey".

La sentencia de este último pleito ha constituido el esqueleto fundamental de la presente investigación, así como permitió al autor desentrañar la genealogía de los Gudiel de Vargas y la sucesión en la Casa de Iván de Vargas y la llave del sepulcro de San Isidro. Se encuentran en la Biblioteca Nacional: Inventario General de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. XIII (8500 a 9500). Biblioteca Nacional, Madrid, 1995.

De tal modo, el matrimonio Lorenzo-César adquirió el Molino de la Hoz por derechos remotos de los Vargas madrileños. La pareja tuvo dos hijas: Isidra y María Ignacia Lorenzo de Pedrosa y César Gudiel de Vargas. Las hermanas se casaron con dos jóvenes y prometedores diplomáticos emparentados entre sí, respectivamente Pedro de Macanaz y Macanaz, y Manuel de Asprer y Janer.

La primogénita Isidra (con quien comienza una tradición onomástica isidril en la familia que se mantiene a día de hoy) heredaría tanto la Casa de Iván de Vargas como el Molino de la Hoz, aunque fallecería pronto y le heredó su hijo Isidro Macanaz y Lorenzo. Su marido Pedro de Macanaz, nieto del célebre fiscal general Melchor de Macanaz, tuvo una vida apasionante que le llevó a acompañar a Fernando VII en su exilio francés y ser nombrado ministro de Gracia y Justicia en 1814, aunque acabó defenestrado y preso en La Coruña -como su abuelo Melchor-.

Isidra y Pedro tuvieron tres hijos: Isidro, Gabino y María Luisa Macanaz y Lorenzo. De Gabino sólo sabemos que estudió junto a su hermano en el Real Seminario de Nobles de Vergara. Isidro y María Luisa vivieron en La Seca (Valladolid), donde su padre ejerció el patronazgo del Hospital de Nuestra Señora del Carmen, fundado por su familia materna. Allí se emparentaron por doble vínculo con los Maldonado de Guevara, familia noble de Íscar (Valladolid): Isidro con María Lorenzo Serapia Maldonado y Gimeno, y María Luisa con su hermano Joaquín Maldonado de Guevara y Gimeno-Bayón.

Isidro Macanaz y María Maldonado tuvieron muy numerosa descendencia, aunque solo cuatro hijos sobrevivieron al padre, fallecido el 9 de septiembre de 1844. Suponemos heredó el Molino su primogénito Isidro Macanaz Lorenzo, que lo acabaría vendiendo (una vez desvinculado de las obligaciones propias del mayorazgo por Ley de 1820) en un momento indeterminado de la segunda mitad del siglo XIX. Isidro hijo tuvo una destacada carrera militar en la Península y América, y cierta relevancia política como Gobernador de Bilbao durante la Tercera Guerra Carlista. También pudieron heredar las tierras algunos de sus tres hermanos: Higinio -también militar-, Luisa o María de las Candelas, de las que poco sabemos; pero en todo caso la familia se desprendió de las tierras entre 1844 y 1896.

La última referencia a la vinculación del Molino de la Hoz y los Vargas la encontramos en un artículo del diario Heraldo de Baleares, de fecha 4 de mayo de 1896 [1], escrito que creemos reproducía información facilitada por Joaquín Maldonado y Macanaz -influyente político e historiador conservador, primo hermano de Isidro Macanaz y Maldonado-:

En la muy curiosa arca vieja, primer enterramiento del Santo, exhibida en la Exposición de Arte Retrospectivo, en el Centenario del descubrimiento de América, una de las pinturas representa al molino de la Hoz, en la solana del Guadarrama, que también pertenecía a la expresada familia, a la que hasta hace poco satisfacía un censo.


[1] Heraldo de Baleares: diario independiente. Año III Número 670 – 4 de mayo de 1896. Página 3.

Este apunte resulta de gran importancia ya que indica que los Vargas y sus descendientes situaban en La Hoz el popular milagro del molino, según el cual después de que San Isidro diese trigo a unas palomas, a pesar de estar el saco casi vacío el molino produjo una gran cantidad de harina, pues Dios recompensaba de tal manera al bondadoso labrador. Los Vargas habituaban a establecer vínculos isidriles respecto a sus propiedades: cada rama familiar situaba al santo morando sus casas y trabajando sus campos, lo que daba prestigio a sus bienes y rendimiento a la empresa familiar de canonización que tanto trabajaron sus ancestros a finales del s. XVI y principios del XVII.

A continuación exponemos el tracto sucesivo del Molino de la Hoz durante los cuatro siglos -al menos- que se mantuvo como propiedad de los Vargas.

TRACTO SUCESIVO DEL MOLINO DE LA HOZ
(DESDE MITAD S. XV HASTA MITAD S. XIX)

1) Pedro I de Vargas y Juana González de Cortinas:
  • Iván III de Vargas.
  • Diego II de Vargas.
  • Juan II de Vargas.
  • Pedro II de Vargas.
  • María I de Vargas, casada con Juan de Tapia (que sigue la línea)
2) María I de Vargas, casada con Juan de Tapia. Descendencia:
  • Francisco de Tapia y Vargas, casado con María Beltrán, que sigue la línea.
3) Francisco de Tapia y Vargas, casado con María Beltrán. Descendencia:
  • María II de Vargas, casada con Álvaro de Mena (que sigue la línea).

4) Álvaro de Mena (hermano de Hernando de Mena) y María de Vargas. Descendencia:

  • Álvaro I de Mena y Vargas, casado con Francisca de la Torre. Sigue la línea.
  • Juan de Mena y Vargas.
  • María I de Mena y Vargas.
  • Catalina de Vargas.
5) Álvaro I de Mena y Vargas, casado con Francisca de la Torre. Descendencia:
  • María II de Mena y Vargas.
  • Álvaro II de Mena y Vargas.
6) Álvaro II de Mena y Vargas.

7) ¿? Es posible que en esta línea estén Lorenzo de Mena, fallecido en 1643, y su hija Rafaela de Mena.

8) María Meñaca y Vargas, casada con Carlos Venero.

9) ¿?

10) ¿? Es posible que en esta línea esté Fernando Venero.

11) Melchora Venero Meñaca y Vargas, casada con Manuel González Ter de los Ríos. Matrimonio sin sucesión.

12) Manuel González Ter de los Ríos, propietario por herencia de su esposa. Luego se anularía dicha adquisición testamentaria por sentencia de 1775.

13) María Jesús César Gudiel de Vargas, casada con Tomás Lorenzo de Pedrosa, adquieren el mayorazgo por vínculo remoto con los fundadores, mediante sentencia de 1775.

14) Isidra Lorenzo de Pedrosa y César Gudiel de Vargas, casada con Pedro de Macanaz y Macanaz -ministro de Justicia con Fernando VII-.

15) Isidro Macanaz y Lorenzo, casado con María Maldonado Gimeno.

16) Alguno/s de los hijos supérstites del progenitor: Isidro, Higinio, Luisa y María de las Candelas Macanaz y Maldonado, quienes en determinado momento lo transmiten a terceras manos.

Autor: Rafael Delgado Maldonado de Guevara
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